LA ESTÁTICA COMPETENCIA DEL ESCRITOR (Cuento corto)
Por dos concursos ha pasado este cuento, que en realidad NO es puro cuento. Si después de leerlo aún le parece sacado de la imaginación, recomiendo leer el artículo fuente de la hermosa fotografía y soporte de esta rima.
LA ESTÁTICA COMPETENCIA DEL ESCRITOR (Cuento corto)
Cansado
de la quietud del aire sobre su escritorio, no tanto de escribir como de
anhelar ser leído, un ermitaño escritor decide acabar con su estática competencia.
Se prepara en casa, la que heredó de su madre recientemente fallecida y a quien
le faltó una digna despedida. Por algunos rotos de las cortinas salmón se cuela
el sol y la inspiración de este poco afamado escritor; justo la noche del
viernes de esa semana tomó aquella decisión, alista la merienda y las riendas
de su antigua carroza chueca, al que le suena todo y sin embargo sube las
cuestas más agrestes y puede cruzar miles de puentes.
Ha
devorado ya todos los libros de fabricación, uso y masificación de televisores,
redes y plataformas de audio y vídeo, mientras el mundo entero habita en sus
recintos hogareños por una pandemia que lo confina a un encierro, el miedo ha
cobrado un precio cierto y los ha dejado incluso sin mucho movimiento. El
escritor se adentra en el mundo cibernético para lograr su cometido – acabar
con la televisión, el cine y el video - Sí, todo el vídeo; pues a ese vicio
visual, aun sin categorizar, del cual cree está presa la humanidad, lo
considera el peor enemigo del raciocinio y el buen juicio. Y es que, no se le
olvida que su mejor amigo del viejo sillón jamás se levantó, por adquirir peso sin
razón e inmóvil frente a un televisor. Su amigo como su madre también se ha ido
de este mundo rápido y sin haber leído como el escritor hubiese querido.
En
medio de la pandemia, sin lograr mucho, unos días antes de partir, el escritor
dijo a su amigo – cuando escribo o leo: río, como, canto, lloro, bailo y me
muevo. Imagino universos, me emociono, troto y sueño. Si hay guerras peleo, si
hay amores también beso. Al terminar el libro, salgo al sol y lo miro, imagino
como sería otro fin o la secuela y su contenido, y entonces así no sólo
sobrevivo a este momento y este encierro, sino que permanezco vivo-.
Llegó
el sábado, el día planeado, el escritor está convencido, conseguirá que todos
lean sin cesar, que admiren su trabajo y el de muchos más. Aunque él ha
publicado, sus libros quietos, empolvados y en arrumes escondidos están. El pobre sabe que cada quien paga sólo por lo
que valora y la lectura… ya no lo es ahora, cuánto desea ser leído y por qué no
sus libros vendidos, pues vivir de escribir no ha podido. Para ganarse la vida, con pedidos va y viene,
transporta usuarios y en el trayecto les declama un poema sin temor, algunas
noches recoge a los borrachos de un bar clandestino y los deja en casa bien
seguros y dormidos. Pero ese día, ya está decidido, desconecta cables, hackea
plataformas, las redes deforma y todo lo transforma.
Finalmente,
recorre el camino y logra su cometido, el mundo enloquece por la falta de
contenido. Sí, ese es el momento para su nuevo movimiento, lo llamó libros al
viento, salió a las calles a regalar a diestra y siniestra sus libros y los de
sus autores favoritos, los lanzó aquí y allá, los entregó formal e informal, los
vendió bien y mal, los leyó en las plazas y en cada hogar, incluso regaló
algunos poemas a su vecina, su musa y su amada, sumergiéndola a ella y a todos
por doquier en una lectura soñada. Y de nuevo reclama, aunque no logra que
paguen mucho por sus cuentos, poemas y versos, él con todo esto está contento,
pues logró que la gente por las ventanas por un momento se asomara, de las
camas y de los sillones se levantara, algunos comieron, bebieron entre verso y
verso, otros se animaron a bailar y crear nuevos juegos, unos cuantos
escucharon de su voz las rimas y con ello crearon nuevas coreografías.
Después
de muchas horas, antes de volver a su casa cansado con sus pies llenos de callos,
pero satisfecho, les recuerda a todos vociferando que el mundo antes existió
sin ese vicio visual-auditivo y el valor de un libro era equivalente a un
legado. se echó a dormir con el sueño cumplido “devolverle al mundo un día con
un libro y un cuento suyo”.
Artículo sugerido: https://www.xataka.com/otros/gran-reto-ser-escritor-vender-libros-poder-hacer-presentaciones-paron-pandemia-tambien-afecta-a-autores-espanoles

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